domingo 17 de abril de 2011

Integración al mercado laboral como mujer inmigrante

Integración al mercado laboral como mujer inmigrante

Por Hirlanda Vaca, Presidenta de Asociación SoyMujer

(Art.Revista SoyMujer) ¡Hace tanto que no escribo!  Era una de mis terapias favoritas contra el aburrimiento o simplemente para desconectar de todo.  Me han hecho una invitación para escribir algo sobre la integración al mercado laboral de la mujer inmigrante, así que me desafío ahora y espero compartir un poquito de la experiencia propia vivida sino que he escuchado las vivencias de muchas mujeres procedentes de diferentes partes del mundo, que viven o vivieron en España y que tengo la alegría de conocer. 

No voy a describir todo lo que se siente cuando tomas el avión y te despides de todo lo que conocías, voy a iniciar desde cuando aterrizas en Barajas, si te permiten entrar, claro está… te parece que todo es mejor, que la calidad de vida y el estado de bienestar es mayor que el de tu país. Luego de pasar unos días intentando ajustarte al cambio de horario, inicia tu búsqueda de trabajo, una primera oferta de trabajo por 500€ parece una gran oferta, porque comparada con la del país que dejaste es hasta el doble o el triple. En cuanto a la jornada laboral, como no tienes amigos, ni familia, entonces aceptas horarios extendidos sin problemas, 8, 10, 12, horas… y si estás interna en una casa, haces de niñera, limpiadora, planchadora,  cocinera, cuidadora de la abuela, etc., todo por el mismo salario, con algo de suerte tendrás un contrato, sino no habrá ninguno, por lo menos escrito;  por lo tanto sin derechos laborales reconocidos. No puedes enfermar, no puedes tomar vacaciones, no recibes las pagas correspondientes,  pero a veces puedes colarte a las vacaciones de los jefes, porque ellos son muy buenos contigo.

 Echas de menos a tus  hijos e hijas, a tu pareja, a tus padres, a tus hermanos y hermanas, a los primos, a los amigos, al perro, al gato, etc., que por cierto a algunos no soportabas cuando los tenías. Pero ¡Llega la hora de tu primer cobro, qué alegría! Haces cálculos, lo primero; enviar dinero para pagar la deuda que contrajiste para emprender el viaje y crees que  sólo tendrás que permanecer entre 3 y 5 años, sin gastar nada para ti, con el mismo trabajo u otros dos trabajos similares para lograr pagar lo que debes, construir una casa y enviar dinero a la familia que dejaste atrás.

Luego con algo más de conocimiento del entorno nuevo, te vas dando cuenta que el salario que te han ofrecido, que te pareció espectacular, no lo es, que es un salario bajo y que tus derechos son mínimos por lo que la calidad de vida no es para ti, sino que la consiguen otros gracias a tu trabajo con un salario bajo y con una jornada muy larga.  También sabes, aunque no lo crees, que tu familia en origen vive mejor que tú, también gracias a tu trabajo.
Y te conviertes en la mujer que en España es: “la inmigrante que trabaja en el sector de los cuidados, pobre, discriminada y casi sin oportunidades y la triunfadora, en el país de origen, que envía dinero a su familia para casi todo y hasta a la comunidad para que haga sus fiestas patronales”.  

Estas mujeres, que cada vez más migran solas, que dejan a toda o a la mayoría de su familia nuclear en origen, que tienen la presión de enviar REMESAS para sustentarla y que tenían la ilusión de venir a un país desarrollado a ganar un buen salario, en mejores condiciones y a encontrar más oportunidades para mejorar su propia vida y la de su familia, se encuentran en una situación vulnerable y las decisiones se vuelven muy difíciles de tomar. Conozco a mujeres que mencionaron frases que me impactaron como “te aconsejo que olvides quién eras  en tu país”, “hubo un momento en mi vida que no recordaba, ni siquiera mi nombre”, que explica cómo el periodo de adaptación al nuevo país  y todo el cambio que conlleva puede acarrear un impacto emocional muy importante, incluso de desesperación; en donde hay que acuñarse alguna identidad.  Y en algún momento, te preguntas: ¿Vale la pena haberlo dejado todo? ¿Aún merece la pena quedarte? ¿Es el momento de volver? ¿Cuáles son las opciones?... Este es un momento de ruptura, de cambios, muchas deciden volver para intentar recuperar su vida pasada, otras para hacer una nueva vida con la experiencia vivida, otras deciden quedarse y buscar oportunidades nuevas.

Este es un trocito sobre la inserción laboral de la mujer inmigrante, que refleja un poco de la verdad como la ven algunas mujeres, no está bien generalizar, pero muchas mujeres no tienen más opción de trabajo que en el sector de los cuidados, un sector poco regulado, precario y que ha empeorado con la coyuntura de la crisis. 
¿Creen que podemos hacer algo para cambiar esta realidad? ¿Y nosotras podemos hacer algo?

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